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Elizabeth Lönnrot
02 November 2008 @ 05:56 pm
Y cuando el dolor se vuelve necesario, ¿qué hago?
Cuando la dicha ya se vuelve insoportable
y un sádico deseo de tragedia me nubla la vista;
un vaho de cinismo inundante.
Las degradaciones más bajas, las humillaciones,
(el dolor físico o mental, ya da igual
cuando es necesaria la decadencia para entender
que dentro de esa felicidad de telgopor
aún subsiste la estupidez humana)
ya todo converge y sumerge y centraliza
y vaporiza y humaniza
y especifica y
y
..

/ y uno se queda con las palabras en la boca,
dudando de su propio raciocinio, pero al rato
se satisface pensando que todo forma parte
de la sutil pero evidente
naturaleza humana. /

Elemental, Watson, para qué sirven entonces
los psicólogos, psiquiatras, terapeutas,
musicoterapistas, arteterapistas [ sin cafés ni tazas, las muy turras ]
hematólogos, homólogos y hologramas,
y semejantes y parecidos
y desiguales constantes (aunque nunca iguales)

Triste la raza humana, que necesita de sus iguales
sus semejantes,
para sentirse útil.

Tán fácil sería la vida si sólo nos comportáramos como animales,
- espíritu de supervivencia, dude -
 
 
 
Elizabeth Lönnrot
02 November 2008 @ 05:56 pm
Gritar, y no escuchar. Todo se pierde en el vacío de tu cabeza,
agujero negro, que absorbe mis fuerzas
y me impide avanzar, me retiene en un sádico
magnetismo insípido.

Me arrastrás hacia el precipicio, hacia el lugar
donde sabés que me consumiré.
Le tengo miedo, y me obligás a enfrentarlo
pero ni siquiera tenés la dignidad de darme la mano,
de ayudarme a encararlo.

No. No me dejes sola contra el tiempo.
No me pidas que luche por vos.
 
 
 
Elizabeth Lönnrot
02 November 2008 @ 05:55 pm
los pedazos de telgopor se deshacen
de su matriz, de su origen,
como los pétalos de la bestia,
del ala oeste de la tragedia.
infinitas gotas blancas invaden
el oxígeno
sulfuran con incandescencia
la noche de la materialidad,
suspiran milímetros
en la inmensidad del dolor,
lastiman el aire
con su liviandad
apresuran el desenlace
la ruptura de la sangre,
el desborde, el caos.
su peso juega con la gravedad,
la detiene, la horroriza,
la hace sentir inútil
como la sangre que intenta entrar
al corazón,
le dice "no,
no te dejo", y la acaricia
pero no la toca.
la canta, pero no la dice.
la ama, pero no la siente.
la tiene, pero no la ve.
 
 
 
Elizabeth Lönnrot
02 November 2008 @ 05:55 pm
 Tal vez si me cortase
podría desencadenar
de una manera más concisa
la repulsión y el deseo
masoquista
de hacerme ver que no valgo.
Na. No me interesa.
Mi autocastigo mental
moral
es más eficiente.
Las heridas físicas
se cierran con el tiempo.
Esto no.

Las moléculas que forman
mi cuerpo
están en plena convulsión,
intentando separarse
en un caos de locura,
de amor y de muerte.
Varias flechas físicas
de normales
se dirigen hacia
los lugares que me señala
la flor de marinero;
me duelen
me sofocan
me deshacen
me desidian
me repelen.

//BASTA//

Y no. No se puede.
Estoy hecha para esto,
la gente me quiere
por eso.
Mejor dicho
por lo que causa esto.

[ Y te busco y no
te encuentro. ]

¿Será porque no existís?
¿Será porque nunca lo hiciste?

Mitomanía. Agnosia.
Cleptomanía. Posesividad.

Es todo lo mismo,
aunque me mientas. No
me retengas. Dejame volar.
Aunque eso implique
dejarte atrás. 
Te recordaré por siempre
que dure el hechizo
que clavaste en mi
sádica necesidad de amar.
 
 
Elizabeth Lönnrot
02 November 2008 @ 05:55 pm
Y siento que aunque lo quiera evitar, aun
hay algo que baja dentro de mi,
algo que se condensa y cae, algo que
decanta,
Ni pensamientos, ni sentimientos,
ni sensaciones ni realidades. Irrealidades
ficticias, que derivan en un
inconsistente virtuosismo magico, traido
desde el centro de algunos de los
meteoritos sublimes de mi inconsciente.
Aun asi me falta aprender a manejarlos,
aprender a usar esa transformacion
a mi favor. Quien sabe, tal vez
son mensajes de alguno de lo tantos
personajes que viven dentro de mi cabeza,
algunos historia, algunos presente,
algunos nunca-jamas, y algunos ojala.
Me pican, me hacen cosquillas, porque
saben que nunca aprendi a ser inmune
a las cosquillas, me retuerzo,
intento manipular mi expresion y evitar
la eminente sonrisa, la desesperacion
de saber que estoy a merced de esos
cosquilleos que inevitablemente
saturan la mayor parte de mi capacidad
de raciocinio. (Aun hoy no se bien
como se escribe esa palabra; el miedo
de usarla mal me impide emplearla
todas las veces que lo requeriria mi
manera de expresion.)
Y al fin no queda mas que aceptarlo,
asimilarlo y adecuarlo a mi sistema
de organos, a mi mente y a mi cabeza,
y a mi capacidad de inmuscuirme
en asuntos propios que no le importan
a nadie mas que a mi inconsciente
individual.
 
 
 
 
Elizabeth Lönnrot
02 November 2008 @ 05:54 pm
Y aún así, aunque me ames,
te ruego que no me absorbas;
no permitas que mi orgullo sucumba
ante tu deseo, inaudito, insípido,
inconmensurable.

No, no me dejes rodearte,
que terminaré por perderte.
Cuando ambos seamos uno,
una cabeza, un cuerpo, un ser;
¿dónde te encontraré?

Pero basta de filosofar,
que de tando volar por el aire
extraño poner los pies en la tierra.
Vení, abrazame, y jurame eternidad,
dame seguridad,

que aunque todo sea limitado,
aunque no seamos más que humanos,
ya tendremos tiempo en el cielo
de vivir juntos un amor divino,
de mañanas nostálgicas
y sueños sonrientes
 
 
 
Elizabeth Lönnrot
02 November 2008 @ 05:54 pm
Y lo odio, y lo detesto, y deseo
matarlo, oprimir su cuello entre mis manos,
presionar su nuez de Adán hasta cortar su
circulación. Quiero arrancar su piel
con mis uñas,
con mis dientes;
destrozar sus entrañas con mis ojos
y que su consciencia moralista sufra,
que sufra
como yo estoy sufriendo. Argh. Cómo
me gustaría que, en un segundo de
esperanza,
se arrodillase ante mí, clamando piedad;
y de mis labios saldría una sola palabra,
la misma que él mencionaba cada vez
que mi nombre pasaba por su mente:
iluso. Lo miraría con rencor,
asco por el espectáculo lamentable que
me estaría ofreciendo
una vez más,
y me daría media vuelta. Lo dejaría
así, agonizante,
como me dejó tantas veces; pero yo
no podría evitar soltar una lágrima
al recordarme a mí misma
en esa situación
envuelta en sábanas sucias
mirando cómo se iba al amanecer.
No. Basta. Ahora me toca a mí.
 
 
 
Elizabeth Lönnrot
02 November 2008 @ 05:53 pm
te regalo mi imperio de polvo,
para que con tus gemidos lo destruyas de placer.

te regalo mi mansión de naipes,
para que con tus aplausos genuinos lo destroces de una alegría.

te regalo mi capacidad distorsionada de juicio,
para que con tus preciosas locuras lo equilibres de una certeza.

te regalo mi barrilete de cemento,
para que con tu aguarrás de ilusiones lo desmenuces de una sonrisa.

te regalo mi música de película muda,
para que con tu silencio me llames de un grito.

te regalo mi presente de sueños,
para que con tu futuro inesperado me despiertes
y me lleves

a la vida
otra vez.
n u e v a m e n t e
 
 
 
Elizabeth Lönnrot
02 November 2008 @ 05:53 pm
Los párpados
quieren cerrarse
apesumbrados.

Los labios
quieren abrirse
expectantes.

La sangre
circula de norte
a oeste.

Ya nada brilla
ni las estrellas
ni mis ojos
- opacos
- por el dolor.

Dame. O
mejor dicho,
devolveme
lo que te llevaste.
Dame el papel
donde anotaste
ese día
la seña
contraseña
para entrar
en mi mundo.
[ sin permiso ]

La quiero.
Nunca
se me habría
ocurrido
darlo vuelta.
Tal vez atrás
estaría la manera
de obligarte
a que me abandones
de una vez y
para siempre.


¿Aún?
No. Ya no más.
¿Hace mucho?
Sí. Ya no hace mella.
¿Fuerte?
En absoluto.

Quiero olvido. Quiero
la gracia divina de que
me concedas el poder
de olvidarte. De una vez
y para siempre.

Si cambio la cerradura
de mi corazón,
¿me prometés
no volver a forzarla?

Quiero confiar
nuevamente.
Quiero darte esa oportunidad
que me pedís tan
salvaje
impune
mente.

Pero para eso necesito saber
que no vas a volver a quitarme
la paz.
 
 
 
Elizabeth Lönnrot
02 November 2008 @ 05:52 pm
No. No te me acerques,
aún no estoy segura de que quiera verte.
No vengas a arruinar mis sueños de niña
con tu punzante realidad de adulto;
no intentes abrir mis ojos,
¿no ves que son mi escudo contra el mundo?

Basta. No me obligues a seguir tu ritmo,
no pretendas que comprenda el sacrificio
que tuviste que hacer para que te acepten.
No me muestres tu cicatrices, aún no te creo
que en algún momento tuviste alas.

Pues, no te quejes si en mis labios
no hay una sonrisa. No te quejes si no soy la misma;
no puedo cambiar la inconformidad que siento.
Únicamente vos podés modificarlo
y devolverme la alegría. Pero dudo que desees hacerlo.
Ya es tarde.